La noche lluviosa de un miércoles cualquiera. Tienes dos opciones; la primera es ir al Mardi Gras a ver a unas japos adolescentes aporreando instrumentos y haciendo posturitas; y la segunda alternativa es pirarte pa tu casa a ver la tele.
Evitando cualquier comentario relacionado con la actual programación televisiva, la opción lógica sería siempre la primera.
Una vez elegido el plan, ¿con qué nos encontramos en el Mardi Gras?
Lo primero que vi nada más llegar fue a Jaume, y después de eso a cuatro adolescentes haciendo, entre sus temas propios, versiones de Twisted Sisters, WASP, Quireboys, Judas Priest, Hellacopters y supongo que alguna otra que me dejo en el tintero.
Después de enumerar los grupos homenajeados supongo que ya sabrás por donde van los tiros.
Detalles cachondos los hubo a puñados. La ansiosa y quinceañera manera de beber de la bajista, el intento frustrado de subir a hombros a la guitarrista, creímos que la perdíamos, la escasa altura de la voceras, que hizo que hubiera que poner una caja de birras en el escenario para que se pudiera subir y quedar más visible para las últimas filas, y para las no tan últimas.
Detalles que hicieron entrañable un concierto al que en lo musical le faltó algo de garra y chicha, y tal vez una segunda guitarra. Pero ya tendrán tiempo.
Si necesitas que te las comparen, serían una versión menos punk de las primeras Donnas, a las que les queda mucho camino por andar todavía, pero el que unas adolescentes hagan lo que ellas, significa algo.
Si vuelven el año que viene tendremos que volver a ver si han dado el estirón, en todos los sentidos, digo…